Heroica ubicuidad de Derek Walcott

La violencia subyace a la decisión de aferrarse a la lucidez en la obra dramática del Premio Nobel de 1992 Derek Walcott (Santa Lucía, 1930-2017), donde el destino individual cede a lo mítico antes de desvanecerse. Una voz profundiza y se oscurece bajo la dura tensión. La lírica del caribeño supone una crónica subjetiva en la que los vuelos imaginativos más salvajes se mantienen ocultos bajo los detalles inmediatos.

«Oh, herida que yo envidio, brota otra vez/ como esta fuente, empápame en sangre!/ Condúceme por una llovizna fina/ hacia el amor. El amor es el dulce dolor».

En El burlador de Sevilla (Vaso Roto, Teatro, 2014), Walcott despliega todo su arte para adaptar a su situación y la de sus contemporáneos el lenguaje y la cultura hispánicas del siglo XVII, pero manteniendo una radical originalidad e independencia (…) Permea el volumen Otra vida (1973; Trad. de Luis Ingelmo. Ed. Bilingüe, al cuidado de Jordi Doce, Galaxia Gutenberg, 2017) una melancolía amplificada por el hecho de que los poetas también saben ser feroces. Combativos:

«Y entonces una noche, en algún sitio,/ un solo clamor se elevó por el aire,/ la gruesa lengua de un farol borracho, caído,/ lamió los anillos de alcohol del suelo/ y, con la furia abrasadora de un horno/ de pronto abierto, dio comienzo la historia» («Homenaje a Gregorias»).

Revista El Cuaderno: literatura, arte, cine, teatro, música, vida.

Heroica ubicuidad de Derek Walcott

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