Honoré de Balzac: la ilusión ininterrumpida

En esta época ferozmente pospolítica, nada mejor que demorarnos en los prolijos estados de conciencia o las complejas relaciones personales, nos decimos antes de adentrarnos en la obra del novelista Honoré de Balzac​ (Tours, 1799-París, 1850); pocos autores, sin embargo, tan obsesionados por temas tan mundanos como el poder y la posesión.

No sólo la belleza estética, sino la interacción con la pureza ética, así como el brutal funcionamiento del abuso, informan su serie novelística La Comedia humana (1830-1850). En Eugénie Grandet: logra su autor fulminar los valores de la Francia de la Restauración antes de declarar que no cree una sola palabra de su (persuasivo) discurso. “Esto es el amor”, concluye Balzac, “el amor verdadero, el amor de los ángeles, el amor altivo que vive de su dolor y que por su dolor muere” (…) Los giros de la trama de sus Escenas de la vida de provincia, se fundamentan en la habilidad para la ilusión ininterrumpida. Cuando Balzac describe algo no solo lo vemos: estamos dispuestos a habitarlo. La capacidad de hacer que lo inventado parezca real anima las páginas de su trabajo.

Gracias a Librújula,  revista bimestral y portal web dedicados a la actualidad literaria y el mundo del libro, así como a Diario Público, periodismo, investigación y compromiso para construir un mundo más igualitario, por hacerse eco, al completo, de mi homenaje a Balzac:

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“Solipsismo trumpiano de Peter Handke” en Revista Librújula/Diario Público

“El regreso no sólo a un país, no sólo a una determinada región, sino a la casa donde nací; y, sin embargo, quería estar cada vez más lejos, en el extranjero, con unas cuantas personas en torno a mí, pero que no estuvieran demasiado cerca.”

La obra de Peter Handke (Griffen, Carintia, 1942), reeditada por Alianza, en traducción de Eustaquio Barjau, es la encarnación aplastante de nuestra era neonarcisista: no solo es impenitente, sino vengativa. No proporciona certezas, sino un contexto privilegiado para las preguntas. Se abre a lo que huye, contempla cuanto inscribe en su aislamiento ilustrado.

En la novela Lento regreso (1979) se decodifica lo imborrable a través de las gemelas demandas de negación y necesidad, territorio en que el testimonio del guionista y director de cine austríaco despliega sus estrategias para escapar a lo sublime (…) El atractivo de un opúsculo como La repetición (1991) radica en lo que no sucede, en las libertades que se toma el interlocutor para (no) contar la historia.

“Encontraba mi paso, avanzaba balanceándome sobre los pies, sintiendo rodar sobre el suelo la sucesión de talones, plantas y dedos (…) un sentimiento de tranquila insolencia que – lo experimenté luego en la repetición – es lo que antaño caracterizaba mi infancia”.

Gracias a Librújula,  revista bimestral y portal web dedicados a la actualidad literaria y el mundo del libro, así como a Diario Público, periodismo, investigación y compromiso para construir un mundo más igualitario, por hacerse eco de mi homenaje a Peter Handke.

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