Honoré de Balzac: la ilusión ininterrumpida

En esta época ferozmente pospolítica, nada mejor que demorarnos en los prolijos estados de conciencia o las complejas relaciones personales, nos decimos antes de adentrarnos en la obra del novelista Honoré de Balzac​ (Tours, 1799-París, 1850); pocos autores, sin embargo, tan obsesionados por temas tan mundanos como el poder y la posesión.

No sólo la belleza estética, sino la interacción con la pureza ética, así como el brutal funcionamiento del abuso, informan su serie novelística La Comedia humana (1830-1850). En Eugénie Grandet: logra su autor fulminar los valores de la Francia de la Restauración antes de declarar que no cree una sola palabra de su (persuasivo) discurso. “Esto es el amor”, concluye Balzac, “el amor verdadero, el amor de los ángeles, el amor altivo que vive de su dolor y que por su dolor muere” (…) Los giros de la trama de sus Escenas de la vida de provincia, se fundamentan en la habilidad para la ilusión ininterrumpida. Cuando Balzac describe algo no solo lo vemos: estamos dispuestos a habitarlo. La capacidad de hacer que lo inventado parezca real anima las páginas de su trabajo.

Gracias a Librújula,  revista bimestral y portal web dedicados a la actualidad literaria y el mundo del libro, así como a Diario Público, periodismo, investigación y compromiso para construir un mundo más igualitario, por hacerse eco, al completo, de mi homenaje a Balzac:

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