Rosa Lentini: fulgor y densidad

La obra poética de Rosa Lentini (Barcelona, 1957) se resiste a cualquier intento de clasificación. Al igual que sus admiradas Virginia Woolf o Djuna Barnes, Letini es una escritora modernista, rebelde y marginal. En su poesía, el contenido se enfrenta invariablemente a la forma. El resultado es un artefacto vibrante, casi un ser vivo. Fuertemente influenciada por los excesos tardorománticos, “sombras de un teatro de añoranza/ que teme las despedidas”, escribe en “Hablando de objetos rotos”, en una parodia aparente de Bécquer, casi una autoparodia.

Rosa Lentini es una figura central en la poesía castellana contemporánea. De ahí lo oportuno de la publicación de la editorial Animal sospechoso, a cargo del traductor y poeta Juan Pablo Roa, que acaba de recoger, juntos por primera vez en Poesía reunida (2014-1994), todos los poemas que la autora catalana ha escrito y publicado.

Gracias a la poeta y editora Carmen G. de la Cueva por incluirme en La tribu.

http://latribu.info/poesia/rosa-lentini-fulgor-y-densidad/

Cubierta Lentini

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SVETLANA ALEXIEVICH: “HABLABA CON EL ATAÚD, COMO UNA LOCA”

De 1979 a 1989 un millón de soldados soviéticos participaron en una devastadora guerra en Afganistán que no solo se cobró 50.000 víctimas, sino la juventud y la humanidad de muchas decenas de miles más. En Los muchachos de zinc (1992), la periodista Svetlana Alexievich logró dar voz a la trágica historia de aquella guerra. Lo que emergió de sus páginas fue una historia coral que sorprendió por su brutalidad y reveló sus similitudes con la experiencia norteamericana en Vietnam.

Los soldados muertos eran devueltos a casa en ataúdes de zinc sellados (de ahí el título del libro), mientras el Estado negaba la existencia misma del conflicto. La revista Granta En Español, a cargo de Valerie Miles y Editorial Galaxia Gutenberg, ofrece, en su tercer número de otoño de 2015, un fragmento de “Los muchachos de zinc”, en traducción de Irene Oliva Luque. Un documento estremecedor, pero necesario. Gracias a Carmen G. de la Cueva y a La tribu de Frida por acoger mi reseña entre sus páginas.

Svetlana Alexievich: “Hablaba con el ataúd, como una loca”

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